Manuscritos de América en la Real Biblioteca

La Real Biblioteca custodia un fondo americanista de relevante significación histórica y por tanto de dimensión investigadora. Ya se conocía en el siglo XIX por estudiosos y eruditos, pero a lo largo del XX fue abordado desde perspectivas investigadoras más novedosas, propias ya del siglo pasado. Hoy en día, gracias a su detallada catalogación presenta nuevos perfiles para la investigación actual. El micrositio que se presenta es una muestra de las fuentes que ofrece el fondo para el americanismo vigente. 


Ya con Carlos III se puede referir sin duda una Librería de Cámara al trasladarse la biblioteca regia del palacio del Buen Retiro al llamado entonces Palacio Nuevo, a partir de 1765 en que reside la Familia Real en el Nuevo. Se contaba con un índice de 1760 hecho con los libros heredados de Felipe V y Fernando VI, reunidos para uso privado tras el incendio del Alcázar en 1734, y casi acabándose el reinado carolino se hará otro de suplemento, en 1782. En ambos hay obra americanista aunque escasa comparado al volumen posterior que llegaría a reunirse en la Real Biblioteca. 


Luego, el rey Carlos dispuso antes de morir, en 1787, que se incorporase la notable colección de manuscritos de lenguas de América que había formado Celestino Mutis por orden real; también había dispuesto el tercer Carlos que los manuscritos de gobierno de Nueva España de Palafox y Mendoza, del siglo XVII, permanecieran en la Librería de Cámara. Pero se incrementaría cuantiosamente el fondo sobre América con su hijo, Carlos IV, pues tras fallecer Juan Bautista Muñoz en 1799, fundador del Archivo General de Indias y cosmógrafo mayor, se incorporó su biblioteca manuscrita formada por más de un centenar de volúmenes, algunos muy notables. En 1803 ingresó pieza muy notable iconográficamente, el Trujillo del Perú, emblemática obra gráfica del XVIII peruano. Más tarde, en 1806, ingresó la amplia biblioteca de don Diego Sarmiento de Acuña, primer conde de Gondomar y embajador en Inglaterra bajo Felipe III, con atlas y cartas misivas de interés para las Indias, amén de crónicas de Indias y otros volúmenes impresos americanistas relevantes, e igualmente se incorporaron ese año las bibliotecas de los Colegios Mayores salmantinos. Pero los ingresos más amplios fueron en especial los de 1807, por la Real Orden del 20 de febrero, al incorporarse un alto volumen de colecciones de manuscritos, siendo éstas las de la Secretaría de Gracia y Justicia de Indias, las de Manuel José de Ayala su archivero, muy voluminosa, de unos 250 manuscritos, y otros fondos como los de Alcedo y Herrera o Areche, personalidades gubernativas americanas. 


Con el paso de las décadas, el depósito palatino americanista ha sido objeto de distintas conceptuaciones de aproximación. En época de los dos Carlos predominaba el sentido ilustrado de conocimiento gubernativo, bajo el proyectismo ilustrado, para tener instrumentos con el fin de lograr "el buen gobierno indiano"; luego, en el siglo XIX, se impuso el saber erudito de conocimiento histórico, interesando sobre todo las ediciones antiguas de las crónicas de Indias. Ya en el XX avanzado, tras su primer tercio, Domínguez Bordona, director de la Biblioteca en los años treinta, entendió que la investigación científica era el camino interpretativo para los estudiosos y no la perspectiva erudito-museística, por lo que el índice de fuentes que es su Manuscritos de América (1935) se hizo imprescindible como base para ello. Durante la posguerra y décadas siguientes, la idea se modula, y se instala a la par en general en la Real Biblioteca un concepto de “depósito de grandes piezas”, siendo una propuesta de nuevo de base museística, pero poco a poco fueron apareciendo contribuciones basadas en nuestras fuentes por especialistas cualificados en Historia de América, principalmente del ámbito universitario de Sevilla y Madrid.

 

Con el presente micrositio, la Real Biblioteca pretende seguir trazando camino en la futura senda de la investigación americanista, bajo las nuevas perspectivas que pueden surgir, pero acercando nuestro notable fondo a la vez al interés general.