COLECCIÓN BRUNA

Francisco de Bruna y Ahumada (1719-1807) fue Oidor decano de la Real Audiencia de Sevilla y llegó a ser miembro del Supremo Consejo y Cámara de Castilla y del Estado. Antes, fue alcalde de los Reales Alcázares y juez mayor de la Chancillería de Sevilla, por lo que en la Sevilla de finales del XVII tuvo un papel de mucho peso sociopolítico, por lo que se le denominaba popularmente El Gran Poder, como el célebre Cristo hispalense, dado el poder de influencia que le dieron ostentar esas dignidades. Su padre ya fue consejero en el Real de Castilla y presidente de la Chancillería de Granada, donde nació nuestro Bruna. Era además sobrino carnal del marqués de las Amarillas, virrey de Nueva España. 


Tuvo don Francisco una gran actividad judicial y política en Sevilla por tanto, pese a tener ofrecimientos para tener cargos en la corte madrileña. Le atraía lo cultural, pues fue doctor en ambos Derechos y de muy joven era catedrático consiliario. Potenció la creación y protección de la Escuela de Tres Nobles Artes de Sevilla. En los patios del Alcázar reunió restos arqueológicos pues era amante de la Arqueología. Tenía también inclinaciones eruditas y anticuarias y ello le llevó a ser académico honorario en Reales Academias de Madrid y en la de Buenas Letras sevillana. En la capital andaluza frecuentó notables tertulias, como la de Olavide, y otras buenas bibliotecas de bibliófilos sevillanos. Esta actividad cultural le fue paralela a la de gobierno, haciendo informes de gran utilidad y talla sobre la realidad andaluza al Consejo de Castilla, sobre todo económicos en lo agrario.


Bruna aumentaría la biblioteca familiar a lo largo de su vida, adquiriendo manuscritos muy significativos, incluso del siglo XV, y multitud de impresos de gran interés. Muchas de esas piezas provenientes del Colegio jesuita de san Hermenegildo, en Sevilla, o del Sacromonte granadino. Gran parte de su librería, la cual sumaba una notable cantidad de impresos con algunos incunables, como se indica, interesó a Carlos IV, llegando a oídos del monarca, que había realizado ya compras de bibliotecas enteras, como la de Gondomar. Bruna admitió hacer alguna selección para el monarca y lo presente en la Real Biblioteca fue por esta gestión. Entrarían así doscientos veinticinco impresos y treinta y cinco manuscritos, éstos muy selectos en general. Patrimonio Nacional hizo catálogo de este fondo en un muy cuidado volumen magníficamente editado, con estudio preliminar de la anterior directora, Los libros de Francisco de Bruna en el Palacio del Rey (Madrid, Patrimonio Nacional, 1999).
 

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